Ya sólo nos quedaba el señor Rojo... ¿Quién haría de señor Rojo? Necesitábamos a alguien con poderío, con clase, con escuela. Alguien que tuviera una voz que rugiera sin dar miedo, que dominara la interpretación, que cumpiera con el papel de malo a medias que exigía el guion. Nuestra primera opción fue Loquillo. Cuanto más lo pensábamos, más claro lo veíamos. Tendría que ser Loco o nadie. Pero, claro, de primeras nos pareció complicado. Loquillo es Loquillo, qué demonios. Cual no sería nuestra sorpresa cuando dijo que sí sin pestañear; cuando se involucró tanto y tan bien; cuando se metió en el papel del señor Rojo (¡y de qué manera!), vestido de riguroso negro, eso sí. La voz de Loquillo es la réplica ideal a la de Irene. Ferocidad frente a suavidad. El dueto entre Loquillo e Irene es uno de esos que, por inesperados, merecen pasar a la historia. Si no te lo crees, tendrás que escucharlo para darnos la razón.

Que ganas de escucharlo.
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